Suiza 1954

La leyenda alemana en Suiza 1954

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Archivo El Universal
Desde varios países se podría valorar el aún recordado ‘Milagro de Berna’, en el que Alemania Federal coronaría, por primera vez, sus esfuerzos en este deporte a costa de la entonces favorita Hungría.

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Con la incursión de la televisión, la Copa Mundial de Suiza 1954 daría vida a ese largo romance, que en Brasil 2014 cumplirá 60 años. Toda una transformación, desde aquella lejana justa alpina hasta nuestros días. A los casi 900 mil fanáticos que ocuparon los estadios suizos, se añadirían 4 millones de personas más alrededor del mundo.

Por ello, de manera simultánea, desde varios países se podría valorar el aún recordado ‘Milagro de Berna’, en el que Alemania Federal coronaría, por primera vez, sus esfuerzos en este deporte a costa de la entonces favorita Hungría. De esa final crecieron múltiples historias. ¿Cómo explicar que los mismos alemanes que habían sido vapuleados 8-3 por los húngaros en la fase de grupos, en la final lograrían imponerse al mismo rival y levantar el máximo trofeo?

Este certamen se aprendieron muchas cosas. Una de estas fue la forma de conformar los grupos de manera, por demás, arbitraria. La otra, peor aún, el sistema de competencia. Los cuatro grupos fueron construidos ‘de tin marín de do pingüé’. Para colmo, se eligieron —también arbitrariamente— dos cabezas de serie por sector, impedidos de enfrentarse entre sí.

Debido a lo anterior, cada equipo sólo disputaría dos partidos en la ronda inicial y se vería obligado a un tercero en caso de desempate, puesto que clasificaban dos por grupo.

Los defectos del sistema saltarían a la vista. Por ejemplo, en el Grupo A, donde compitió México, de poco le valdría a los franceses vencer a los nuestros, si Brasil y Yugoslavia igualarían, para clasificar ambas y dejar en el camino a los galos con muchas suspicacias por delante.

El duelo más ruidoso de la etapa grupal lo protagonizaron Hungría y Alemania. Los primeros le metieron ocho al orgullo teutón, con cuatro anotaciones de Kocsis. Pese a todo, los germanos clasificaron porque fue necesario enfrentar de vuelta a Turquía, para el desempate. Alemania, que ya le había ganado 4-1 a los turcos, les endosó, esta vez, un rotundo 7-2.

La competencia repartió golizas por doquier, tanto así que en 26 partidos se repartieron 140 anotaciones. Dicha tendencia continuó en los cuartos de final. El anfitrión Suiza fue despachado por Austria con un aparatoso 7-5; Uruguay se sacudió a Inglaterra 4-2, y en la llamada ‘final adelantada’, Hungría le pegó por el mismo marcador a Brasil. Este duelo fue catalogada como La Batalla de Berna, debido a que se trenzaron a patadas y golpes. Kocsis fue perseguido por tres brasileños, Puskas fue agredido con un botellazo propinado por Pinheiro, así como otras escenas violentas que involucraron a policías y fotógrafos. Para colmo, la FIFA no aplicó ninguna sanción.

El encuentro más espectacular lo protagonizaron Hungría y Uruguay, que tuvieron que recurrir a los tiempos extras para que los húngaros se agenciaran el boleto a la gran final. Alemania, con mucha comodidad, despachó a Yugoslavia en cuartos de final y a Austria en semifinales. Pero haría frente a la imponente Hungría, la misma que le había metido ocho goles en la ronda previa.

Lo que sucedió ese día derivó en ‘milagro’ para los alemanes... Pero el mundo, aún hoy, se rompe la cabeza por saber qué sucedió realmente. Unos dicen que el 3-2 favor Alemania obedeció a que éstos se habían dopado; otros insinuaron que el gobierno húngaro se ‘vendió’ a cambio de tractores y maquinaria agrícola. Ese día, sin embargo, Hungría quedó borrada de la élite balompédica. Alemania se puso la corona por primera vez y obró el Milagro de Berna.

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