Suecia 1958

El 'Jogo Bonito' en Suecia 1958

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A partir de ahí y hasta su retiro como futbolista, Edson Arantes Do Nascimento, Pelé, se convertiría en una leyenda

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Fue el Mundial del virtuosismo, suficiente para aliviar la amargura sufrida ocho años atrás. Era la revancha brasileña y su primera cosecha en la máxima competición del planeta. Mejor aún, en Suecia 1958, el niño de 17 años, Edson Arantes do Nascimento, Pelé, maravilló al orbe. Magia, más que espectáculo; arte, más que futbol.

A partir de ahí y hasta su retiro como futbolista, O Rei se convirtió en leyenda. Aún hoy, luego de ver a tantas y tantas figuras, hay quienes creen que Pelé ha sido el mejor de todos los tiempos. Pero en aquel 1958, a unos meses de cumplir los 18 años, nadie sensato podría objetar su reinado.

Junto a O Rei, Brasil desafió al mundo con monstruos creados para impactar. Djalma Santos, Joao Bellini, Nilton Santos, Orlando, Didí, Mario Lobo Zagallo, Vavá y Manoel Francisco dos Santos Mané Garrincha. Éste último, amado como ninguno, brilló con luz propia y se transformó en la “alegría del pueblo”.

Aún hoy, en el alegre pueblo brasileño, se relatan mil y un historias de Garrincha, aquel que pasó a leyenda.

Con esta aplanadora futbolística era posible soñar despierto. Nada más había que ver a Garrincha, fenomenal extremo por derecha, cuyos regates y amagues se convirtieron en el antecedente de aquella posición. Proyectaba centros milimétricos. De ahí que los defensas, destrozados, decían que era imposible detenerlo.

Zagallo era pundonoroso por izquierda y Pelé resultó el 10 perfecto de la mitología balompédica. O Rei con seis dianas, deleitó a propios y extraños, mientras Vavá fue su complemento perfecto. Sus cinco tantos lo corroboran.

Por eso a nadie le extrañó ver a seis brasileños en el once ideal al término de la justa. Quizá el mejor equipo de todos los tiempos, luego del asombro que causó aquella demoledora máquina de hacer goles y deleitar con su juego de conjunto.

El técnico Vicente Feola le bastó con organizar el 4-3-3 perfecto y hasta el 4-2-4 que asfixiaba a las más férreas defensivas de la época.

Sin sombra, Brasil atropelló a sus contrincantes en el Grupo 4: 3-0 a Austria, 0-0 con la orgullosa Inglaterra y 2-0 a la URSS de La Araña Negra Lev Yashin.

Luego, en cuartos de final despachó a Gales 1-0 y en semifinales extasió al orbe con ese espectacular 5-2 sobre Francia, aderezado por un triplete de Pelé. Just Fontaine marcaría uno de los dos tantos galos. Al final se apuntaría 13 anotaciones en la justa. Récord intacto hasta nuestros días.

El mismo marcador lo firmó Brasil en la gran final, ahora sobre el anfitrión Suecia. Dos de Pelé, un par más para Vavá y Zagallo también se coló en la pizarra. Vaya concierto.

El primero tanto de Edson Arantes, en aquella batalla, resultó una genuina obra maestra: dentro del área mató el balón con el muslo, lo pasó sobre su cabeza y lueguito fulminó al portero Svensson. Fue el 3-1 en la pizarra. Boquiabiertos quedaron los suecos, aquel día.

De regreso a su país, el gobierno brasileño regaló una vivienda a cada futbolista campeón del orbe. Los ganones resultaron ser Pelé, Garrincha, Vavá y Nilton Santos, premiados con otra casa, otorgada por una empresa privada.

Ya en ese entonces surgían los grandes obsequios, acordes con el espectáculo ofrecido.

Francia sacudió a Alemania Federal, 6-3, en el duelo por el tercer lugar. Just Fontaine y Raymond Kopa trascendieron en ese inolvidable equipo.

Pero el juego bonito tendría un nombre... Brasil, en 1958.

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