Historia de los Mundiales

Alemania 1974: el hábito del triunfo germano

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La X Copa del Mundo ofreció innovaciones dentro y fuera del lienzo verde, con la genuina versión de la Naranja Mecánica como patrimonio histórico de una actividad deportiva que rompió los grilletes que le apresaban

daniel.blumrosen@eluniversal.com.mx

Revolución futbolística que al final no premió a esos hombres capaces de marcar un parteaguas en la historia del deporte con mayor popularidad en el planeta.

El balompié no fue el mismo tras la Holanda de Alemania 1974. Lo único que se mantuvo fue la interminable decepción neerlandesa... Y el hábito de triunfo germano.

La X Copa del Mundo ofreció innovaciones dentro y fuera del lienzo verde, con la genuina versión de la Naranja Mecánica como patrimonio histórico de una actividad deportiva que rompió los grilletes que le apresaban.

Con Rinus Michels como arquitecto, la selección holandesa sedujo con un esquema sin precedentes: jugadores en constante movimiento, sacrificio por parte de todos y un premeditado “desorden” en el campo. Nació el inmortal Futbol Total.

Johan Cruyff, Johan Neeskens, Johnny Rep y Rob Rensenbrink eran los estandartes de un combinado que desconcertaba a los adversarios hasta con su numeración. El arquero Jan Jongbloed portaba el ‘8’.

La consecución del título mundial, por parte de Brasil, en 1970 le otorgó la posibilidad de quedarse con la Copa Jules Rimet a perpetuidad. Se estrenaba la Copa FIFA —entregada hasta nuestros días— trofeo diseñado por el italiano Silvio Gazzaniga.

También existieron cambios en el sistema de competencia. Las rondas de eliminación directa fueron sustituidas por dos etapas grupales y sólo se mantuvieron los cotejos por el tercer lugar y el cetro.

Mientras Holanda impactaba al mundo, los anfitriones padecían demasiado, aunque se las ingeniaban para avanzar.

El destino colocó a Alemania Federal en el mismo grupo que la Democrática. Importante aderezo a un certamen que tenía como objetivo mostrar la renovada faceta germana, tras las secuelas dejadas por la Segunda Guerra Mundial.

Los dirigidos por Helmut Schön sortearon la fase inicial como segundos del Grupo Uno. Derrotaron a Chile (1-0) y Australia (3-0), pero cayeron ante sus “almas gemelas” orientales (0-1).

Más de 60 mil espectadores vieron el “choque del morbo” en el Volksparkstadion de Hamburgo. El gol de los alemanes democráticos fue marcado por el hasta entonces desconocido Jürgen Sparwasser (77’).

Revés que inquietó a un pueblo ilusionado con repetir la hazaña de dos décadas anteriores, cuando su selección se proclamó monarca universal en Suiza.

El panorama se modificó en la segunda ronda. Alemania Federal clasificó al duelo por la corona tras imponerse a Yugoslavia (2-0), Suecia (4-2) y Polonia (1-0). Se erigió como el único equipo con potencial para hacer frente a la Naranja Mecánica, esa que despachó a Argentina (4-0) y Brasil (2-0) en la segunda ronda.

Sólo Suecia logró hurtarle una unidad y Bulgaria fue el único combinado que le marcó gol. El plantel de Michels era amplio favorito para coronarse.

Etiqueta que pareció confirmar en la final, gracias al tempranero tanto de Neeskens (2’), pero Paul Breitner (25’) y Gerhard Müller (43’) desataron el júbilo en las tribunas del estadio Olímpico de Munich.

Basado en orden, eficacia y ese inquebrantable espíritu, copyright de los teutones, los de casa cumplieron. La Naranja Mecánica finalizó como el monarca sin cetro. Alemania Federal, a su manera y con demasiado sufrimiento, hizo buenos los pronósticos y conquistó su segunda Copa del Mundo.

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