México 1986

México 1986: el turno del D10S

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En 1970 tuvo a uno de los más grandes astros de todos los tiempos a plenitud: O Rei Pelé... Y en 1986 le tocó el turno a Diego Armando Maradona...

jose.parra@eluniversal.com.mx

Aunque México nunca ha sido campeón mundial —vaya, ni siquiera protagonista en el certamen futbolero más importante del planeta— ha tenido la fortuna de organizar el máximo evento de los amantes de las patadas en un par de ocasiones. Mejor aún, en 1970 tuvo a uno de los más grandes astros de todos los tiempos a plenitud: O Rei Pelé... Y en 1986 le tocó el turno a Diego Armando Maradona, con quien durante décadas se ha disputado el galardón al mejor de todos.

Curiosamente en nuestro país se graduaron estos dos gigantes del orbe balompédico.

México 1986 avaló la grandeza de Diego, capaz de deleitarnos con la más espectacular maniobra, pero también de aplicar la más deleznable maña y sellarla con un memorable dicho: “La Mano de Dios”.

Inolvidable la tramposa mano con la que el ídolo argentino liquidó al arquero inglés Peter Shilton, pero también el extraordinario destello artístico de conducir el balón desde su propio territorio, driblar contrarios hasta ingresar al área y anotar, cual maestro, para inmortalizar su nombre con letras doradas, y nada menos que frente a la orgullosa Inglaterra en el mítico Estadio Azteca. Por eso quedó bautizado como “El Gol del Siglo”.

Sin embargo, de golazos fue este certamen tan singular. ¿Cómo olvidar el de Manolo Negrete?, cuya vistosa media tijera hizo estallar de emoción al Coloso de Santa Úrsula, en el duelo de octavos de final contra Bulgaria. La explosión bastó para catapultar a los nuestros al quinto partido... Única vez que el Tri ha disputado ese número de encuentros en un certamen de esta magnitud.

Además de Maradona, esta Copa del Mundo reunió a otros grandes de la talla de Michel Platini, Gary Lineker, Jean-Marie Pfaff, Karl-Heinz Rummenigge o Sócrates.

El sabor se lo puso el pueblo mexicano. La inolvidable “ola”, que levantaba a todos de sus asientos, ese grato don de anfitrión, la belleza expuesta en cada una de las sedes mundialistas y la comida, fascinaron a los visitantes. Clara demostración del éxito que acompañó a los nuestros como efectivos organizadores de la justa.

Por doquier había escenarios aptos para activar la competencia. Además de la capital, que aportó dos estadios (Azteca y Olímpico Universitario); hubo acción en Guadalajara (Jalisco y Tres de Marzo), Ciudad Nezahualcóyotl (Neza 86), Irapuato (Sergio León Chávez), León (Nou Camp), Monterrey (Tecnológico y Universitario), Puebla (Cuauhtémoc), Querétaro (La Corregidora) y Toluca (Nemesio Díez, entonces conocido como La Bombonera).

Después de sorprender al orbe con el partido de su consagración, aquel 2-1 sobre los ingleses, en cuartos de final, Maradona impulsó a la albiceleste a la obtención del título sin que nadie le pusiera freno. Contundente 2-0 sobre Bélgica e inolvidable 3-2 sobre Alemania, en la gran final del campeonato.

En el día clave no anotó, pero sus genialidades bastaron para deleitar a los amantes de este deporte. Brown, Valdano y Burruchaga le dieron el éxito a Argentina, ante más de 100 mil gargantas en el Azteca, que se convirtió en una gigantesca sucursal del balompié albiceleste, al ver consagrarse, mejor aún, a su máximo exponente histórico, el inolvidable Diego, al que se le perdona todo.

Una épica batalla que coronó una justa inolvidable, tanto que aún hoy, en el inmueble de Santa Úrsula, resuenan los ecos de  Lothar Matthäus, Jorge Valdano, Harald Schumacher, Nery Pumpido, Karl-Heinz Rummenigge, Jorge Burruchaga, Rudi Völler y Diego Armando Maradona... Sí, aquel capaz de elevar sus genialidades hasta consagrarse a sí mismo como un genuino D10s.

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