Mundial EU1994

Brasil, el dueño del Mundial de 1994

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Al final el campeón fue Brasil, la diferencia fue que en la delantera tenía a dos genios. Un tal Romario y un tal Bebeto.

edgar.luna@eluniversal.com.mx

Un Mundial en Estados Unidos? Sí, una Copa del Mundo en donde al futbol no se le llama ni por su nombre, pero así se dio y fue ahí donde Brasil, después de 24 años, volvió a alzarse como campeón.

Fue un torneo que traía una carga muy pesada, pues después del pobre espectáculo que se dio en Italia 1990, con apenas 2.21 goles de promedio en 52 partidos, se antojaba que en esta ocasión los técnicos se concentraran más en construir que en destruir, que planearan más en cómo dar espectáculo, que en echarlo a la basura.

Al final el campeón fue Brasil. Un Scratch du Oro que poco a poco se transformaba. En 1990 se le acusó de jugar a la “europea”, y en 1994 no se salió mucho de ese estilo, mas la diferencia fue que en la delantera tenía a dos genios. Un tal Romario y un tal Bebeto.

En el Grupo A todos esperaban que Colombia y Rumania arrasaran, y que Estados Unidos, el anfitrión, pusiera resistencia. El pronóstico se cumplió a medias. Rumania pasó, pero Colombia decepcionó. La gran generación encabezada por Carlos Valderrama, se perdió entre la fiesta y la arrogancia. El punto final fue el asesinato del central Andrés Escobar, días después de terminado el torneo, por haber metido un autogol en el juego ante EU.

Brasil avanzó en la primera fase apenas esforzándose. Quien más oposición dio fue Suecia, con su mejor generación de futbolistas. Camerún sólo puso el color al llevar a Roger Milla, quien se convirtió en el jugador más longevo en jugar un Mundial: 42 años.

Alemania y España pasaron sin problemas en su sector, pero dejaron muchas dudas. Argentina sufrió en su grupo al caer en el último juego de la primera ronda con Bulgaria, unos búlgaros liderados por Hristo Stoichkov, que a la postre sería la gran revelación del torneo.

Italia, como siempre, dejó lo mejor para el final. Clasificó como tercer lugar de su grupo, detrás de México e Irlanda, pero tenía preparada una sorpresa,  que la llevaría hasta la gran final del certamen.

En los octavos de final todo pareció ir por la normalidad. Los grandes calificaron, y los chicos se despidieron del sueño. Sólo Argentina, aplastada por el dopaje previo de Maradona, dejó su posición sin meter las manos, ante la Rumania de George Hagi, a quien le decían, paradójicamente, El Maradona de los Cárpatos.

En cuartos de final el escándalo se agudizó cuando en el juego España vs. Italia, el italiano Tassoti le reventó la boca con un codazo al español Luis Enrique, lo que disminuyó las posibilidades de la entonces llamada Furia. Y en el mejor juego de la Copa del Mundo, Brasil sacó lo mejor de su arsenal y venció 3-2 a Holanda, con un plus, el festejo de cuna de Bebeto, que se volvió clásico en los estadios de futbol.

Mientras que Bulgaria, tras superar a México en octavos, sorprendió al despachar en cuartos al campeón Alemania.

Llegaron las semifinales y el espectáculo vino a menos. Italia y su efectivo estilo echaron a la rabia de los búlgaros. Brasil, con una genialidad de Romario, secó a Suecia.

Y llegó la final entre Brasil e Italia, la cual ha sido calificada como la más aburrida en los mundiales. Fue un 0-0 soporífero; 120 minutos de cerrojo para llegar a los penaltis.

Ahí todo fue un volado. Franco Baresi, quien se lesionó en el inicio del Mundial para volver en las finales, falló su tiro; igual lo hizo Roberto Baggio, el único diferente dentro del cerrado sistema de Arrigo Sacchi.

Cuando Baggio voló su disparo, Claudio Taffarell alzó sus brazos y Brasil volvió a sonreír después de 24 años, al recobrar la grandeza que tuvo incluso dedicatoria al piloto Ayrton Senna, fallecido unos meses antes.

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