Llegan desde Monterrey

Historia: una aventura sin fronteras

Alberto Torres
Un grupo de amigos sale de Monterrey para ver al Tricolor en la Copa Mundial

FORTALEZA.— Ondean la bandera mexicana por toda la Praia Iracema, el epicentro de los mexicanos en esta ciudad. Montado en la puerta y con el dorso salido Miguel Peña grita: “¡México, México, México!”.

Han llegado a esta ciudad, luego de recorrer miles de kilómetros y atravesar casi todo el continente americano manejando una camioneta que es su transporte, su casa y su sala para ver los partidos de futbol.

Él y otros tres mexicanos han realizado la odisea de manejar hasta Brasil para ver jugar a la Selección Mexicana y seguirla por todo este país, el quinto más grande del mundo, hasta que queden fuera del Mundial.

Hace dos meses que salieron de Monterrey con la ida de llegar aquí para la Copa del Mundo. La camioneta les aguantó más de 15 mil kilómetros. Atravesaron todo el centro y sur de América manejando en relevos de parejas, parando en gasolineras para bañarse y comer. En el camino han trabajado en su proyecto: de norte a sur, la esperanza de los sueños.

Su objetivo es contagiar a la gente de los lugares a donde llegan, la idea del poder que tienen los sueños, como el que ellos tienen y los impulsa a seguir a la Selección Mexicana hasta aquí.

Andrés Castro, Adrián Gardea, Enrique Guajardo y Miguel Peña salieron el 9 de abril de Monterrey y llegaron a Natal, el 10 de junio. Vendieron sus autos para juntar dinero. Para sobrevivir venden camisetas, tocan música en la calle o en bares.

“Lo más difícil fue pasar las fronteras de Centroamérica. Son muy peligrosas y corruptas, te cobran por todo. El trato para los mexicanos no es muy bueno y tuvimos malas experiencias”, cuenta Miguel Peña.

La gente en el camino es la que los ha mantenido con ánimo y con vida. Les han dado hospedaje gratis, les han regalado cosas, les han ayudado con mecánicos y hasta les han organizado unas carnes asadas en Perú, que los hicieron sentir como en su casa, sólo faltó el cabrito asado.

Mientras platicamos durante uno de sus descansos sobre la costera de Praia Iracema, un grupo de niños y jóvenes los rodea. Les llamó la atención los logos de la camioneta: “Guadalupe” con letras rosa mexicano. Y las placas.

—¿Este carro viene desde México?

“Sí, venimos manejando desde allá”.

Al grupo de niños y jóvenes les brillan los ojos. Contemplan la camioneta y los ven con cara de extrañeza. Saben que México queda muy lejos y hay que atravesar el continente. Quieren que les cuenten toda la odisea, desean saber los detalles.

El viaje que estos mexicanos han hecho alguna vez, lo hicieron brasileños, que en vochos y combis llegaron hasta México para el Mundial de 1970. Movidos por esa pasión del jogo bonito, el futbol que une naciones.

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