La Cultura del Mundial
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Javier Vargas

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Basta un instante para hacer un héroe

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rj_vargas@terra.com.mx

Es indiscutible la trascendencia social, cultural y emotiva del espectacular triunfo obtenido ayer por selección alemana ante Brasil. Hoy los jugadores germanos son héroes. Según el libro, Sociología política del deporte, “Toda sociedad se reconoce en sus héroes... los campeones representan a los portavoces más adecuados de la sociedad o de algunos de sus grupos”. Son quienes han ascendido “por medios legales y que parecen al alcance de todos: buenos músculos, destreza, tenacidad... De ahí la atracción de los campeones, que sí han destacado en la vida. Esto explica la fascinación que ejercen los héroes sobre las masas”. Sin embargo, Simón Bolívar advirtió: “De lo heroico a lo ridículo no hay más que un paso”.

Alemania está en el paraíso y vive la euforia del triunfo. En su literatura medieval, hay versos que exhortan al éxito y a la virtud: “En mí crecieron la sabiduría y el conocimiento; medré y me sentí bien; una palabra y la siguiente me dieron la tercera; un acto y el siguiente, el tercero”. Según el poeta Jorge Luis Borges, “En los cantares de la Edda Mayor, hay repetidas referencias al Valhöll o paraíso de Odín, descrito como una casa de oro: espadas y no lámparas la iluminan; tiene quinientas puertas y por cada puerta saldrán, el último día, ochocientos hombres; van a dar ahí los héroes que murieron en la batalla; cada mañana se arman, combaten, se dan muerte y renacen: luego se embriagan de aguamiel y comen carne de jabalí inmortal. Hay paraísos contemplativos, paraísos voluptuosos, paraísos que tienen cuerpo humano... Muchas veces los han invocado para demostrar el temple viril de las viejas tribus germánicas”.

La identificación de un pueblo con sus héroes es una forma de éxito por delegación. Los clubes, las ciudades, incluso los países en una Copa del Mundo, sienten orgullo por los triunfos de sus deportistas.

El mérito de los alemanes es notable no sólo por lo insólito de la cifra final, 7-1, sino por haber triunfado en Brasil. Es lo que los convierte, más que en leyenda, en héroes. En la antigua Grecia, los héroes eran semidioses, es decir, hijos de un ser humano y una divinidad. Por eso, según el poeta Homero, debían tener cinco virtudes básicas: la intrepidez, la belleza, el vigor, la sensatez y la cortesía.

Las hazañas de los héroes deportivos motivan a que niños y jóvenes sueñen y se fijen como objetivo de sus vidas la supremacía física y la celebridad que la naturaleza reserva para unos pocos. El poeta tirolés Walter von der Vogelweide, canta: “¡Oh, dolor, cómo has desaparecido todos mis años! ¿He soñado mi vida o fue verdadera?”.

Sin embargo, el escritor Paul Brulat (1866-1940) también dijo: “Basta un instante para hacer un héroe, pero una vida entera para hacer un hombre de bien”.

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