Bajo el microscopio
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Eduardo Brizio

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¡Muchas gracias!

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ebrizio@hotmail.com
Qué clase de Mundial tuvimos, con una final digna, emotiva y preciosa que culminó con la coronación de un gran equipo, convirtiendo a los teutones, no solamente en tetracampeones del mundo, sino en la primera selección europea que levanta la copa jugando en el nuevo continente.

Aunque los germanos saltaron a la cancha como amplios y seguros favoritos, los pibes resultaron un hueso muy difícil de roer.

Argentina fue un rival cinco estrellas, vendiendo muy cara la derrota, derrochando entrega, entusiasmo y calidad, jugando con el sello de la casa, manejando el partido, sobrados de oficio, con amor propio, metiendo la pierna, y sobre todo con garra. Desafortunadamente... ¡No les alcanzó!

Enfrente tuvieron en los alemanes a un rival bien organizado, inteligente, calculador, tenaz, que logró con el trabajo individual el éxito colectivo.

Siempre he estado en contra de las distinciones individuales en nuestro querido deporte (que se llama futbol soccer precisamente porque significa “asociación”) y ahora más que nunca ratifico mi dicho, al enterarme de que a Messi lo premiaron como el mejor jugador del certamen. ¡Por favor! Para ser considerado el mejor futbolista del planeta, Lio lo debe revalidar en una Copa del Mundo, tal y como en su momento, lo hicieron Pelé (me pongo de pie) y Maradona.

El arbitraje del italiano Nicola Rizzoli me pareció estupendo, rayando en la excelencia. Mis convicciones reglamentarias indican que “así se pita la final de un Mundial”. La ley no distingue entre un partido cualquiera y la finalísima, pero afirmo que es mandatorio que sí lo haga el sentido común.

Hubo un sinfín de situaciones polémicas, pero desde mi óptica, ninguna con la flagrancia necesaria para que el silbante cargara con la responsabilidad de echarse sobre sus hombros el resultado y tampoco el de inclinar la balanza hacia uno u otro lado. Consciente de que muchos se rasgarán las vestiduras, no miento cuando digo que “avalo todas y cada una de las decisiones tomadas por el nazareno”.

Todo indica que en Brasil 2014 la organización dejó mucho que desear. Aunque la bandera brasileña exhibe en su escudo el lema “ordem e progresso”, en este Mundial hubo de todo, menos orden y mucho menos progreso.

En lo futbolístico, se trató de una de las Copas del Mundo que más he disfrutado en mi vida; tanto así, que me duele hasta las lágrimas que ya se haya terminado... gracias futbol... ¡Muchas gracias!

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